miércoles, 10 de septiembre de 2025

Para Paolo

En la tibieza de tus brazos, te escribo, hijo.

Escuchando las cálidas gotas de lluvia

que golpean el asfalto.

Que no hay certeza más grande, hijo mío,

la paz inmensa que tu existencia ha coronado.

El aire tibio entra por la ventana de madrugada

y nos encuentra arrullados, 

la luz de las farolas se cuela entre nosotros y permite ver, hijo, tu rostro de nácar labrado.

Que no te quepa duda, hijo, la ternura que en mí has despertado,

tu sonrisa, mariposa dorada, llena todos los espacios.

Has sanado mi alma de culpas y de remordimientos vanos.

Hijo, tu sola presencia mi corazón ha inundado. 




sábado, 23 de septiembre de 2023

Gala postrera

Me tocó aprender a vestirte con ternura, con las manos cálidas por temor a que tu piel no fuera a congelarse con mis dos gélidas. Y así mismo quise vestirte a ti: con ternura y manos calentitas, para no fermentar el frío que ya se apropiaba de tu ser.

Supe cómo debía pasarte el pilucho (no era como todos lo mostraban), la cosa era más difícil: se pasaba por todo el cuerpo, mientras se abría casi devorando ese ser pequeñito, ese ser que seguramente tú también fuiste y que ahora yo estoy vistiendo con las galas finales.

Pasaba un bracito (pasaba tu brazo), pasaba una piernita (pasaba el muñón de tu pierna izquierda), pasaba por el torso gordito y calentito de mi guagua (pasaba la camisa por el torso todavía tibio por tus órganos resistiéndose a la muerte).

Aprendí a sostener firme la cabecita sin mollera de mi guagua, acariciando la pelusita que se asomaba colorinche por la nuca, y así quise sostener tu cabeza, tata, cuando pasamos la corbata con la que fuiste al matrimonio de tu grande-chica, tu regalona, esa que te asentó tan bien y que mi mamá escogió con tanto amor para que te vieras orgulloso.

No pude sostener mis lágrimas, que resbalaron sobre tu sien cuando acaricié tu pelito cano, pero no del todo. Seguían de un grisáceo oscuro a pesar de los tantos años que atesoraste.

Quité la venda que pusieron para que no se te "encajonara la jeta" como quizás te habrías reído y al abrirse tu boca vi por última vez ese espacio por donde salía tu particular silbido cuando algo te parecía bien, ese silbido de alegría y risa con el que tantas veces me diste la bienvenida en tu casa desde niña.

Intentaba peinar a mi recién nacido a pesar de que los pocos pelos que se veían eran un tanto desordenados, y me llenaba de ese amor calentito cuando volvían todos a su lugar chuzo. Muy distinto de tu pelo dócil, crespo hacia las puntas, sin embargo, ese amor calentito lo sentía con cada movimiento bien pensado antes de pasar mis manos por tu cabecita una última vez.

Esa ropita nueva para la guagua ilusionaba a todos y corríamos a sacarle fotos, y ese chalequito nuevo que te pusimos a ti, de Bellota, así, bien sencillo, celestito, como sé te habría gustado, te lo vestimos con la última pena que nos iba quedando esa tarde nublada, repentina y oscura de agosto.

Y mientras todo esto pasaba, me inundaba un solo pensamiento: quiero que esta última vez para ti sea como la primera en la que tu mamá, Doña Inelia, te vistió cuando logró parirte, con la misma ternura y calidez con la que yo arropé a mi guagua la primera vez que lo sostuve. Y así, cual si fuera un rito, mi cariño hacia ti comenzó a tornarse en ese querer protegerte y cuidarte como no lo hice estos últimos años.

He abrazado a mi Franco muchas veces cada vez que termino de vestirlo, cada vez que me hago consciente de su fragilidad. Y así te abracé una última vez ese día, tratando de no moverte mucho, de no arruinar las galas que con tanto dolor y con tanto cariño pude prestarte como una última ayuda para esa despedida.

En mi mente el recuerdo de mi hijo en la cuna se permea con el recuerdo de tu postura en el cajón, tata, como si ambos recuerdos fueran pétalos de una misma flor. Y sé que a través de ella, hago envío, cual telegrama cantadito desde Coltauco, de mi amor infinito hacia ti.


miércoles, 9 de noviembre de 2022

Tejida (recogido de un cuaderno del 25/8/2021)

Fui tejida a mano limpia
desde el vientre de mi madre
lana a lana, encadenada,
soltando el polvo del urdimbre

Tejida, bucle a bucle,
de esos que reniego tanto,
del estambre tembloroso
que mantiene mi común espanto.

Y las manos del hilo más fino
que se corta con dual puntada
con el pecho hilvanado en vivo
y con las orejas pespuntadas.

Deshilachada, con nada de orillas
y con el corazón de flecos;
siempre quise estar bordada
en los ojos, con el cielo.

Duramente llegué a chaleco
cuando yo quería ser mantel crocheteado
y mis ojos, como lana espuma
duermen mis noches, sin descanso.

martes, 5 de octubre de 2021

Mareas/mareos

Sueño,
cansancio,
hambre y asco a la vez
duele:
y no sé dónde
arde:
y sé el lugar particular
fuera de mí
que me devuelve
la bocanada de aire.

Tercianas,
mantas y mantas,
una sobre la otra,
y sigue el frío
tempestuoso,
atiborrado,
y ahí en medio 
estás tú, entero y firme:
el centro,
la salvación.

Despojos,
cáscaras y piel mudada,
inánime
y a la vez extasiada,
ahogada,
pesada,
y como una pluma
voy a ti
a buscarte,
mecerte y acurrucarte.

jueves, 28 de mayo de 2020

7 meses

Hace casi un año que no me dedicaba a escribir algo consciente - e inconcsientemente-, es que se me secaron las ideas y se deshicieron las madejas que la cabeza no dejaba desenredar hace mucho tiempo.
Aquí estoy hoy, muy distinta a la última entrada, pero en el fondo la misma niña con intenciones de niña y sentimientos infantiles detrás de los ojos y del pecho. Claro que con un crío a cuestas que no ha sido nada fácil. 
Me siento distinta a las primeras entradas, las releo y muchas de las cosas ahí plasmadas desaparecieron como por arte de magia. Cosas que me atormentaban y me partían cada día se han esfumado como si en verdad nunca hubiesen estado ahí. Esta noche las miro por encima del hombro, me río de los peces de colores porque ya no me quebrantan. 
Cuando me miro en el espejo ya no veo esas imperfecciones que me mantenían en constante odio conmigo misma, ya no soy mi peor enemiga hace un rato y eso me ha dado un respiro necesario. 
No obstante, existen otros temores, otros huracanes que azotan con desdén lo poco que logré arrimarme a buen árbol. Hay otros miedos que considero hoy mis peores monstruos debajo de la cama, esperando que me destape la cara para torturarme. Y todos ellos tienen que ver con el nuevo rol que adquirí: hace un par de días se asomó de los labios del Sincero el primer MAMÁ.
Un balde de agua fría me recorrió de punta a punta y no pude más que quedar atónita ante tal esbozo. Tuve 7 meses para tratar de descifrarme en esa palabra, y siento que en vez de ese tiempo considerable más bien fueron una pocas horas entre Octubre y Mayo.
¿Cómo ser realmente digna de tal condecoración? ¿Cómo llevar esa insignia sintiendo de verdad orgullo por tal labor? Todavía me cubre un manto de miedo ante esos labios pequeños asignándome un nuevo nombre, un manto que me recuerda que tengo que llenar una representación tan etérea y a la vez tan palpable en la heredad.
Franco, desde la oscuridad de mi noche te escribo, esperando el momento oportuno para transmitirte todo mi amor, que es lo que más tengo para darte, tipeo estas letras como testimonio de lo único que tengo para ofrecerte desde que te supe, tengo la esperanza de que un día me leas y entiendas cuánto cambié y cuánto continúo mutando en pos de la necesidad, esa que me hace querer abrazarte y no soltarte hasta que quieras volar por ti mismo.
Y eso espero cada día, entregarte lo mejor para que en algún momento puedas encontrarte y entregarte a la vida.



P. D: dicha. 


viernes, 19 de julio de 2019

Franco

No escribía desde antes de ti, y hasta hoy me resistía a hacerlo por miedo a no llegar ni a los talones con tantas cosas que quisiera decirte desde que supe que existía esta sensación tan indescriptible.
La vida suele ser muy mañosa, muy oscura y tóxica sin que nosotros mismos lo pidamos, sin que lo busquemos. Y creo que así me había sentido toda la vida: viviendo en puntos extremos de sentimientos que en realidad forjaron varias cosas a punta de quemaduras, llagas, matices desde la a a la z. Sentía que todo era una voraz tormenta que se acababa por ratos, eso hasta que me dí cuenta de que la vorágine real se viene ahora. Ahora que estás dentro mío y lograste sacudirme como nadie en su mal o buen juicio había podido lograr.
Lo que más siento es miedo, susto de no poder ser lo que necesites, de no calzar con el firme título social que tu concepción me entregó sin previo aviso. Temor de que hayas llegado con rebotes de conejo a exigirme que te recuerde en cada segundo desde el primer minuto posterior al cosmos. Como si fuese imposible el poder olvidarte, llevo meses llorando de espanto, noches en vela pensando cómo hacer lo mejor, cómo timonear este viaje sin perder mi propio control. Franco, terror a no ser lo que quieres. Y a pesar de que siempre supe que llegaría este momento, mi inmadurez me hacía pensar que era lejano, que ni siquiera galopabas desde el horizonte naranjo, viniendo, tardío. Pero así ha sido. Te aproximas en consonancia con el eco de mi voz que te llama y que escuchas dentro de tu burbuja acuática.
Te siento en mi vida como un huracán gigante, montañoso, fuerte y, paradójicamente, sanador. No sé cómo ni cuándo, ni menos dónde cabe tanta melodía en mis oídos internos para describirte esta necesidad de hablarte, de sentirte, de deleitarme con tu luz emergiendo roja y amarilla por entre las rendijas de mi noche, cómo explicarte el estallido, de qué forma darte a entender que ya no dependo de nadie más que de ti, que mi devoción completa se ha quebrantado a tu figura y que las horas pasan y vuelan y se esmeran por llevarme al minuto exacto en que pueda sucumbir ante tus ojos.
Franco, tráeme contigo un poquito de renuevo, tráeme hojitas verdes de primavera en tus manitos de azucena, que estaré esperándote con el alma dispuesta a vivir por ti cada día hasta la eternidad.

domingo, 27 de enero de 2019

2 AM

Son las dos de la mañana y mi cabeza me exige moverme. Despierta - me dice-.
Haciendo de la noche día, introduzco mis pies en la blandura achiporrada y me deslizo suavemente hacia la ventana. La brisa recorre mis caderas vacías, la luz intenta penetrar mis pupilas dilatadas, pero no puede: no hay espacio para ella. Já, luna infame - dice mi pequeño cerebro, que entre dormido y lúcido intenta conectarse-.
Deben ser las 2 de la mañana, porque el ángulo reflejado de las sombras es el que usualmente se encuentra a esa hora cuando despierto por el vaso de agua. ¡Vaso de agua! - me ordena una voz muy escondida en alguna parte - pero me resisto a obedecerle y permanezco quieta, desnuda, en la rápida oscuridad de enero febril. ¡Agua! - debes estar imitando a la Storni, dice la parte que se rehúsa a obedecer-
¡Agua, por favor! Insiste con todas sus fuerzas ese eco manipulador. Mis piernas comienzan a levitar hasta salir de la habitación, mis pasos emiten un zumbido mientras se arrastran y rozan el aire nocturno que comienza a rozar también mis nalgas. 
¡Agua! Se escucha cada vez más fuerte en mis oídos, mayor volumen, pero el brillo nulo: suena como si todavía estuviese intentando aprender a nadar. ¡Agua! Y mi ridículo cuerpo no reacciona, solo se dedica a ignorar el petitorio desgarrador de una lengua reseca.
Mi ser exterior se estremece orgánicamente con el hielo del cristal en forma de vaso que mis yemas sienten, hielo que recorre el vellón de mi piel erizada.
-Ahora devuélvete- me ordena furiosa mi mente enferma, en una pelea que claramente no estoy ganando ni por si acaso.
Camino sintiendo el piso frío y preguntándome qué quiere esta malcriada mía que se esconde y, cobardemente, me aborda mientras duermo. Llego a la habitación, vuelvo a la ventana. 
Algo me dice que si no despierto, esta lucha será eterna. Busco con todas mis fuerzas despertar entre los gritos de mi cabeza y las chispas eléctricas que comienza a emitir mi pelo chamuscado. 
Pronto, un sonido acuático me inunda, me encuentro vestida con el agua del vaso, mi mente se ha quedado callada, mi cabeza ha despertado. 

Y yo sigo mirando la luna por la ventana, como un ritual pagano.

jueves, 10 de enero de 2019

Tempus

Esta entrada va a ser más narrativa que "creídamente poética".

Hace tiempo que no me sentaba en mi casa -sí, desde hace un tiempo empecé a asimilarla como mi casa, básicamente porque he pasado los últimos 8 años acá y simboliza mi independencia- con un té en la mesa, con cuadernos abiertos, con lápices, destacadores, labiales, celular, música -The beautiful occupations, Travis-, el notebook abierto, la soledad y tranquilidad de poder escribir sin que otra persona lo estuviese leyendo mientras edito,la ventana abierta, las plantas adentro, la guitarra mirándome desde una esquina seduciéndome, pero no lográndolo -jajaja-.
Tengo que decir que se siente bien.
Me siento bien.
Hace rato que estoy en esa pará.
Vamos a ver cuánto va a durar esta vez, aunque estoy esperanzada de que la sensación de respirar hondo y que esa respiración sea mía dure mucho, realmente mucho tiempo.
Como estoy sola, me puse a revisar unos respaldos en mi computador y encontré cosas que escribí hace años. Cosas que en otro momento hubiese desechado por completo y que hubiese preferido no ver por vergüenza a mi ñoñez o a mi curlisería. Pero esta vez fue distinto: las leí con otra cabeza, las leí y me hicieron sentir grande, me hicieron sentir mujer y eso sí que no lo sentía hace tiempo.
Creo que la soledad me hace bien a veces, no lo sabía porque estaba empecinada en que quedarme sola en mi departamento solo me haría llorar y, si bien fue así durante las dos primeras horas en las que llegué, debo decir que aprendí a apreciar estos momentos en los que puedo pensar y hacerme autopreguntas y autoresponderlas y después sentarme en el suelo a tocar la maldita guitarra que me seduce y luego pararme a tomar un tecito remojado como los de la casa de mis papás. Ay, eso sí me hizo tiritar un poco la pera. "La casa de mis papás" simboliza sentirme segura siendo solo yo, bueno, no solo yo en el departamento, pero siendo solo yo la responsable de mi vida. Y no se imaginan, los que lean o bien pasen de largo esta publicación, cuánto anhelé llegar a este momento. Cuánto añoré abrir mis brazos y abrasar -sí, con s- el vacío del minuto futuro. Siento que estoy en el momento, en el lugar, en la cabeza en la que quería estar hace 10 años, que logré algo que quería mucho, pero que veía tan lejano. Algo tan chico, algo tan enano a la mirada de cualquiera, pero tan grande como la libertad.
En estas palabras no puedo olvidar acordarme de tantas cosas que pasaron en esos 10 años, en todo lo que viví y en todas las personas que estuvieron ahí y que siguen estando, en el amor que siento como un huracán por mi familia y que solo consigue crecer todos los días, el agradecimiento a la vida de esta seguridad que siento y que antes no había sentido.
Hasta me di tregua un poco con el espejo jajajajaja.
Me siento bien.
Hace rato que estoy en esa pará.
p.d: en el video me siento en un episodio de Black Mirror .

domingo, 30 de diciembre de 2018

Manos noctambuloides

Mis manos siguen en tregua
Continúan descubriendo
El sabor propio
Por las noches recorriendo

Se despiertan revoltosas diciendo aleluya
Y mantienen un paseo nocturno
Plagado de hendiduras
Repliegues

En mi constelación solo una duda:
¿Me autodestierro de mi propio cuerpo?
Así podríamos ser dos
En estas sábanas de ensueño

Las siento moverse por arenas movedizas
Me enseñan que el tacto
No tiene prisa
-Lento- me señalan

Y en un ir y venir se conectan con mi cabeza
Hacen fiesta con los sesos
Reconectan cada hebra
Agitan cada labio

Y en un país deshabitado
Por ellas conquistado
Desean recelosas
Ser como otro par de manos.



martes, 4 de diciembre de 2018

Abuenarse

Que a veces las cosas marchitas terminan siendo reflejos de nuestro interior, es cierto. Sin embargo, en esta conversación conmigo misma quiero sincerarme: ¿hasta cuándo sigues aborreciendo la estampa?
Hay momentos y momentos, señala mi cabeza. Del sudor más íntimo brotan los cristales en los que me miro cilindrada. ¿Hasta cuándo vivir desequilibrada? Los estigmas se marcan en los dobleces y hendiduras. Me digo a mí misma "no siempre".
Y así lucho día tras día por transfigurar este delicado hilván que me corresponde. 

Hoy mi cabeza despertó y me dijo: tregua.

 





domingo, 28 de enero de 2018

40

Esta era tu semana, el momento; está era nuestra semana, nuestro momento.
Algunos me dicen que no importa, que ya pasó, que no me desespere, pero en vano me hablan cuando hago como que los escucho. Me habría gustado escucharte a ti. Esta era tu semana, nuestra semana.


jueves, 25 de enero de 2018

Responso

Entre el mar enorme de sábanas, el mío.


P.d: casi nunca veo el mar, pero siempre me rodea de una forma u otra, como a la Storni.

martes, 23 de enero de 2018

Enero(s)

Ha sido un mes cálido, árido, más bien desértico. La arena se come mis tobillos, pantorrillas rellenas con grasa, me chupa el aliento sacado desde las rodillas. En la cabeza solo una planicie eterna escabulle la tibieza que mi madre intenta mostrarme, pero ella sabe que me hundo en el desierto (re) seco. Hay bocanadas desesperadas del aire tóxico que me persigue, ahogos solapados por una ternura imparable de mi gato, ronrroneo vibrador de pulmones. La vida me obliga a sobreponerme, a pesar del dolor óseo bien tedioso que me agobia, a pesar del apretón numeroso del esternón nervioso, aun cuando ya simplemente no tengo ganas. El corazón una fruta muerta pintada por un niño imitando las naturalezas discordes a la mía, las manos pasas de uva machacadas a pleno sol de mediodía. La corona reseca de tu pecho hiriente, con el pelo vuelto nudos de corbatas y serpientes; los labios meros restos de síes y noes en nota bemol. Me siento sola, ya estoy muerta.



P.d: mi puerta se abre a contratiempo.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Soy

El tipo de persona que los demás pisotean,
El tipo de persona a la que siempre se le piden favores,
Del tipo que siempre cumple los favores,
De característica aprovechable
De esas que lloran por cualquier gesto bruto acaecido durante el día,
La persona que nunca va a decir algo desubicado,
Del tipo que escucha y va guardando,
La aplastable, la masacrable,
Porque aunque me duela, no lo voy a verbalizar,
No engañó a nadie, señores, no soy una santa, a mí no se me prenden velas,
Pero me bombardean con insultos,
Soy de esas escudos humanos que reciben mierda
Y se la comen
De las que se autocompadecen de pura autolástima.
El tipo de persona que nunca dice "no",
La marmota de ese día no esperado,
Soy la voluble, la que cambia con la circunstancia para caer bien,
Del tipo miedoso, faldero, rastrero.
Soy del tipo de persona ahogada, que nunca se salva.



sábado, 12 de agosto de 2017

Eterno/a

Hay un vacío que dejaste sin siquiera haber adquirido consciencia, olas de calor y besos para entregarte sin medida cuantificada, un hoyo donde nadie se había anidado antes, una premura de sensaciones deleitantes.
A tu inocente y débil paso dejaste mis pechos con hambre, mis labios entrecerrados en suspiros que no terminan, dejaste manos sin llanto menguante.
No llegaste a ser alguien, pero para mí lo fuiste todo: llenaste una mente con espacio abundante, pensamientos que se llevarían consigo mi miedo a no ser útil.
Ahora te veo en todos los rostros tristes que me miran desde abajo, en todos los que me abrazan cuando voy al trabajo, en cada pequeña cosa para pequeñas personas te encuentro, en cada momento a solas para mí y para tu sombra.
Eres eso que siempre estará presente, que duele como la fe, que marchita como el otoño, porque eso has sido: hojas secas crepitantes cayendo en mis sueños fríos.
Pudiste haber sido tanto para otros, pero para mí fuiste lo suficiente para nunca despojarme de lo que ahora siento...

miércoles, 7 de junio de 2017

3 semanas de cielo prematuro

No fue idea mía, no estuve loca, no fue un sueño ni fue una emoción pasajera: yo viví tres semanas en el cielo más puro y limpio que esta tierra agusanada puede alcanzar. No sentía nada al principio, todo fue muy natural y desapercibido, lleno de pega y trabajo al principio, sin mayores preguntas, ni menores respuestas, solo felicidad momentánea y sentimientos fuertes uno a uno luchando como dragones antes de cortarse las cabezas. Hubo un huracán en mi vida mientras visitaba ese cielo durante ese período tan corto, tan pausado, tan silencioso. 
La segunda semana llena de dudas, de sospechas, de consuelos nocturnos con la luz a medias, de calma y paciencia jugando contra la irrefrenabilidad del pensamiento, en una batalla campal contra la incertidumbre y la nada en mi ropa. No suena a cielo, pero sí lo estaba, ¡tienes que creerme! 
Por fin la tercera semana se asomó con el sol coronando la cordillera, la luz entrando por mis pupilas e intentando hacer crecer todo a su paso, llenando espinas dorsales, haciendo florecer la vida sin darme cuenta. Creció el pasto, aparecieron aves exóticas que nunca nadie ha reconocido ni nombrado, probé el néctar maravilloso de la madre tierra aprontándome a definiciones y pasos hermosos. Estuve en el cielo y la vida me decía desde el otro extremo "¡Sí, vívela, gózala, llénate de aire!". "Aquí estoy", susurró una vocecita muy pequeña, con calores burbujeantes, con sonrisa coqueta y con amarras sueltas en los pies. "Aquí estoy" como si fuera una despedida del paraíso azulado y pacífico en el que me encontraba. 
Yo estuve en el cielo por tres semanas, créeme, ese cielo lleno de amor y ternura, lleno de manitos que aprietan y de sonidos que alegran. Estuve tres semanas en el cielo, pero con los pies en la tierra. Y agradezco lo que ese cielo me dejó como enseñanza, agradezco lo que me entregó sin pedir nada a cambio, agradezco a Dios la dicha que sentí estando en el paraíso que no tenía siquiera nombre y la alegría cuando habiéndome dado cuenta sentí solo unos cuantos miserables y dichosos días armónicos. Gracias a ti por visitarme, gracias por hacerme entender tantas cosas sin siquiera conocerte, por elegirme de entre muchos/as para hacer este viaje. Siempre SIEMPRE llevaré en mi corazón y en mis recuerdos estas tres semanas en el cielo y nunca olvidaré el color del otoño caminando contigo, ni el sabor del agua cuando íbamos a beberla, ni el dulzor de mi voz cada vez que te nombraba. Me hiciste hermosa, me hiciste nueva, me mantuviste plena. Aquí estaré para cuando quieras visitarme nuevamente, solo prométeme que la próxima será eterna...

p.d: te siento conmigo <3 

jueves, 11 de mayo de 2017

Alguien que se muera por ti

Siempre pensé merecer a alguien que se muriese de amor por mí. Quizás mi problema fue que lo esperé con muchas ansias, que lo idealicé al punto de no pensar en la realidad que estaba ante mis ojos. "Todo el mundo merece un amor que se muera por ti" fue la frase que en algún momento de mi adolescencia marcó y caló tan hondo dentro de mi cabeza que hoy es un hueco que sobrepasa la virtualidad pensante. Creo que la Sofía, mi amiga en aquel tiempo, no se daba cuenta de lo que decía. Lo más probable es que ni siquiera se acuerde que llegó a tercero medio como estudiante nueva a mi liceo con un pololo con el que terminó un par de semanas pasado marzo, rompimiento del cual fuei semi testigo. "No puedo estar con él porque no me merece". ¿Merecemos a otra persona? es la primera pregunta que me hice en ese momento y de la cual todavía no me desligo. Si hubiese alguien que mereciera un rocíocuandocae debe ser la persona más desdichada del mundo, ¿quién querría tener sobre sí un rocío constantemente lluvioso recorriendo la columna? Al final esperé que alguien quisiese morir de amor por mí, que ardiese de deseo cada vez que me mirase a los ojos, que no aguantase las ganas de poseer las inocuidades corporales afectadas por tal rocío. Me quedé esperando. esperando. esperando. Al final mi razón estaba en lo correcto: nadie podría estar tan angustiado para desear y morir de amor por un rocío marchito y lleno de hoyos mojados. No existe ese alguien que se muera por mí, ni existe ese alguien a quien pueda merecer.

p.d: la dueña de este blog no se hace responsable de las apariencias que engañan.

lunes, 10 de abril de 2017

26


Una semana

Han sido días largos, agotadores, rellenos de mantenerme en ocupación lo más que pueda. Acepto trabajos que no me competen, reviso mil pruebas, trabajo horas extra que no son recompensadas, pero nada me hace quitar tu lindo sonido aullante de bienvenida. 
No hallo la hora de sentir tu calorcito a mi lado nuevamente. El fin de semana llegué a mi casa y ya no estabas. Miraba hacia la puerta de la cocina y tu hocico no estaba esperando un huesito, no estaba esperando un cariño.
Una semana y sigo llorando como hace siete exactos días en los que dejaste de exhalar amor al mundo y no sé cómo reponerme. Siento el pecho dolorido y pareciese que tus patas me hubiesen rasguñado las arterias, porque la sangre fluye y fluye sin remedio alguno.
Han sido días difíciles, siete exactos días de dolor des-gargantante. Parece que escucho tus patitas, mi Laika, en las baldosas rojas de la casa encaminadas a mi cama para lamerme y pedirme que te fuera a acostar como tanto te gustaba. Veo tu colita en cada planta "cola de zorro" del Estadio Nacional, del Internado, de las plazas aledañas a mi casa. Veo tu sonrisa en cada perrito que se me cruza en todas partes, tu olor impregnado en tus capitas de invierno. 
No sabes cuánto duele. No imaginas cuánto quema. 
Visítame en sueños, te pido, ven con tu carrera vigorosa, con tu cálida sed jadeante y llévame a pasear por la vía del tren ruidoso y molesto. Ven para justificar este sentimiento duro de extrañarte y llenarme aunque sean siete minutos de tu presencia...


jueves, 22 de diciembre de 2016

Perdón

Este momento tan frío en las palabras, tan nublado por tu halo, tan inesperado. Nunca tuve la oportunidad de decirte lo mucho que amo pasar mis dedos por tu pelo, las yemas por tus orejas pequeñas, tiernas y sensitivas al tacto  tan frío en las palabras, tan nublado por tu halo, tan inesperado. Nunca te dije lo calmante que resultaba verte correr como jugando, como buscando el rastro que alguien dejó para ti como mensaje secreto. Llegaste cuando todo era oscuro, cuando el corazón de una niña más necesita una amiga, llegaste a modo de aire fresco en un revuelo de emociones, sentimientos, sensaciones. Me flechaste con tu mirada azul y feliz que solo buscaba una persona a la cual amar: de entre todas, no sabiendo por qué, me elegiste a mí. Nunca voy a olvidar tu olor a pelo mojado de invierno, tus patas grandes rasguñando mis piernas de la pura y blanca alegría al verme. Ni tu gesto humilde y sincero cuando sabías que no tenía un buen día. Perdóname por dejarte, perdóname por irme y ser tan egoísta, por buscar el mundo cuando en realidad para ti yo era el tuyo y con eso te bastaba. Si no alcancé a decirlo, has sido la única que en silencio lograba decirme todo, y la que entendía todo con una sola mirada. Perdóname si no te di el patio laaaaargo y lleno de pasto que alguna vez dije te daría, por no darte mejores cosas, mejores momentos; perdóname por no estar contigo cuando me necesitaste, por no entregarte todo lo que hoy siento pude haberte brindado. Perdón por no llegar a tiempo con lo necesario para tu felicidad completa. Perdóname por no haberte dado vueltas más largas, por no haber corrido más rato al lado tuyo en Viña del Mar, por haberte dejado solita un par de días en las vacaciones. Por no haberte dejado comer más comida de gato como tanto te gusta. Por haber traído un gato chico que te tenía chata el primer mes. Pero aunque no lo creas, aunque no lo entiendas, todos los días pedía al cielo me diera más tiempo contigo, todos los días preguntaba sagradamente por ti, sobre todo en el último tiempo. Aunque no me estés leyendo, cada día les contaba a mis niñas en el colegio lo bacán que eres y con el pecho inflado mostraba fotos tuyas, le ponía "Laika", "Laika 2" y "Laika 3" a mis pendrives solo con la esperanza de que alguna de mis alumnas me preguntara por qué se llamaban así y entonces poder contar anécdotas sobre nosotras. Perdóname por pasar estos últimos 7 años viéndonos tan solo un par de días a la semana, cuando yo hubiese querido tenerte a mi lado hasta en las frías salas de clases. Gracias por ir a despertarme con tus lamidos en la mañana, por saludarme con tu "uuuuuuu" todas las veces, por despertar y pararte altiro cuando me veías llegar, por pedirme un momento a solas solo para ir a la calle y correr un par de kilómetros. Por caminar para atrás tan linda y encantadora. Gracias por darme la dicha de ser abuela sin tener más de 15 años. Gracias por demostrarme tu cariño y amor con cada gesto, por llenarme de alegrías infinitas, por comerte los pasteles de la Luisa, por arrastrar una mesa carpintera por el patio, por robarte los canapés de mis cumpleaños, por recibirnos el huesito por debajo de la mesa todas las veces. Gracias por hacernos niñas felices, por arrancarte del agua y por siempre siempre siempre siempre estar ahí para nosotros, para mí hermana, para mí sin pedirme nada a cambio. Solamente te pido fuerza ahora, por favor, no me dejes, no te vayas, dame tiempo para llegar a ti y darte lo que no pude en este último tiempo. Dame tiempo para decirte cómo te llevo en mis entrañas, mi Laika...