jueves, 23 de abril de 2015

Noche roja

Noche amiga, envuelta en una nube roja,
¿volviste para darme todo sin medida?
Volviste para deleitarme con escenas
en mi mente
agolpadas de clakes y pumpches,
humedecida en lugares
solitarios
conquistados solo por mí.

Noche parda, congraciaste a esta esclava,
¿te quedarás a juguetear en las comisuras?
Es el crepúsculo maligno
que me toca, me incita
a juguetear también
con hendiduras.

Tempestuosa noche, me mantienes alerta
¿quieres que para ti esté despierta?
Solo contigo logro conciliar los temores,
no necesito de nadie
más
que tus albores.

Y sobre mi cuerpo, un manto de
inocentes, invisibles besos
los siento y me quiebro:
tiemblo.
Y las manos dormidas de tanta
batalla establecida
campal entre
mí y la noche,



p.d: Así, tal cual.

lunes, 20 de abril de 2015

Cuesta

Cuesta arriba las cosas se tornan huracanes
impenetrables de razones imparables
que me buscan, me asechan,
en sus afanes
logran que la luz aminore, se decante.

Cuesta entender el camino a recorrer
lleno de espinas, de temores,
quebrajando el espíritu,
cortando toda vitalidad
sin contar
las cuestas que no sé si he de alcanzar.

Las rodillas se cansan, la espalda comienza a arder,
llena de deseos profundos a esconder.
Levántate sol y pon otro día más
para continuar arriba cuesta
que cuesta abajo será
el precio que cuesta entrar.






p.d: tengo nueva mira.

jueves, 16 de abril de 2015

Cambia, todo cambia

Cambian los estados de ánimo, cambian las estaciones, el otoño ya no es más el verano.
Cambian las personas, las que creías cerca se convierten en lejanías aletargadas y llenas de desgracia disfrazada de verdad. Las que han estado acá siempre han tomado el peso que debían haber tenido hace mucho tiempo y que quizás antes no les di. Cambian las decisiones, los gustos, lo que anhelamos, cambian los deseos de nuestras almas rodantes hacia un abismo. Cambia cómo te quiero, cómo te miro y cómo te aprecio (a ti, a ellos, a ustedes, a él, a ella). Y es un ciclo sin fin el que todo cambie, todo cae por su propia cuenta. Cambian, todas las cosas cambian (para no citar a la honorable que lo canta). Hay que acostumbrarse a los cambios.

Quiero levantarme nueva, despierta e íntegra, ser alguien más que lo que el perfil de Facebook crea de mí. No me interesa la amistad o el jolgorio que una jungla atribulada requiera. Quiero respeto, quiero mirar a los ojos y sentirme limpia, no inmunda por las porquerías pasajeras. Es por eso que hay un viejo proverbio que versa que el alejarse de las personas nos hace reaccionar ante la vida, y es muy cierto. No me interesa tu morbo, ni tu desaire, ni tu vanidad circundante.
Quiero ser yo, quiero ser la que espero, la que siente mucho, la que escribe sin parar de hacer danza con los dedos, la que canta porque se le antoja y la que te despierta con un beso. Quiero ser aire, viento, polvo lunar, astros que giran y la calma reinante para tu hogar. Quiero hacer sacrificio, ser mejor cuando despierto, aterrizar a ese mundo extraviado entre cartas y juegos. Despertarme cada día con otra ilusión, con nueva energía solar y mirar al camino esperando lo que depare, sin desmayar.
Es hora de cambiar un poco el aire, que la vida está muy viciada de tormentos, y aunque sé que no se irán del todo, al menos quiero mirarte (los) y descubrir mundos nuevos, sin el miedo a la repulsión, a la discordante mirada reprobatoria. Esta soy yo: una mata de enredos, pero con la certidumbre de que puedo y quiero, con eso me basta para enfrentarme a todo lo que viene. Y lo que viene es bueno.

p.d: si das vuelta el título de este blog, puede ser que el rocío suba, en una vaporización súbita de re- encuentros :)


miércoles, 15 de abril de 2015

Quincena

Hay un solo asunto que no puedo controlar de mi vida y se me escapa de las manos, precisamente por ese mismo asunto es que no voy a terminar este post, sería una falta completa a mi personalidad a medias, por lo que la construcción de este capítulo llega hasta acá no más. Finito. Caput. Calabaza calabaza.


martes, 31 de marzo de 2015

Quieta


Inmovilízame, mantenme quieta, con silencio incluido, que no haya respiración que no esté contenida, para los sentidos, congela el tiempo, los segundos amarrados a esta cabeza que ya tiene suficiente movimiento neuronal inserto. Luego solo vete.

lunes, 30 de marzo de 2015

Paradero

Él estaba sentado ahí, me miró y yo lo miré, hicimos contacto visual por 1/2 segundo y apartó su mirada como diciendo "-bah-", cual desilusionado de la visual incongruente a su octavo vicio. Traía una polera algo sudada por los 30º C que azotaban a la capital un viernes por la tarde. Yo miraba hacia el poniente, esperando la llegada del transporte que me conduciría a mis labores. Ella llegó junto a la anciana que sería su madre -supongo- y se sentaron al lado de él. Ella tenía una mirada limpia, cristalina de aguas verdes cuando la posó sobre su rostro. Noté cómo recorría una a una cada milésima de su cuerpo, con esos ojos candentes, miradas arreboladas que tan bien reconozco muchas veces en los espejos. Con un diestro movimiento tomó su cabello y lo soltó detrás de los hombros, en una muestra de coqueteo indirecto hacia él. Me di cuenta de que se pasó la mano por la frente, quitando unas gotas de agua que no sé si serían producto del calor externo o interno que traían esos ojos esmeraldados. Tocó su brazo con suavidad, para hacerle notar su presencia, pero, como no hubo respuesta, se puso de pie dejando notar su metro cincuenta de estatura y con ello tocó directamente la mano del joven sentado. "-¿Sabes si pasa la 516 por este paradero?-" dijo con ese timbre coqueto y profundo que usamos las mujeres para atraer a nuestra presa. "-Sí-" respondió él y por primera vez la miró a los ojos a través de sus lentes de sol tan onderos. Ella lo quedó mirando, esperando más que un simple "sí", y debajo de su polera me percaté de sus pezones endurecidos. Eran grandes y prominentes, pero se veían algo vírgenes y turgentes. "-¿Podría decirme la hora?-" le dijo, aún cuando ella traía un reloj en el antebrazo izquierdo, de esos de niños pequeños, siliconado y con una caricatura en el centro. "-Dos y cuarto-" le respondió, frío y cortante como si hubiera muerto. Pero ella no se rindió, y siguió insistiendo: "-Sabes, yo estudio por acá cerca, mi mamá me viene  buscar siempre, porque  no le gusta que yo me devuelva sola a la casa. Eres un lolo tú, ¿cuántos años tienes?-". "-23-", sin más ni menos respuesta. "-Ahhhh, sí, te ves jovencito, yo me veo chica, pero en realidad tengo 28 años, sí, 28, aunque nadie me cree nunca la edad, debe ser porque me veo bastante lola" enunció mientras se tocaba parte de su pecho abarrotado de esporas sexuales que se le escapaban en cada palabra. Fue directa, llegó al grano de una sola vez: "-oye, ¿tú tienes polola?-", Él la miró con cara de embrutecido, con esas muecas que solo hacen las personas cuando se creen superiores a otras, como los políticos cuando van a dar migajas a los pueblecitos aislados, como los profesores que te miran con cara de menosprecio, como ese paco pobre que te mira como si no tuviera problemas pa' comprar el pan igual que el resto de nosotros. "-Sí, tengo polola hace harto tiempo-" le respondió crudo y ácido. Ella lo miró con cara de desilusión, como la que él puso cuando me miró por ese 1/2 segundo cuando llegué, y, sin mayor hilván, comenzó a tocar el círculo prominente de su cintura, la curva poco armoniosa de sus pechos prominentes, sus caderas algo destartaladas, obsesiva en el afán de que él se diera cuenta de su gran atractivo. Y continuó: "-sabes, voy a celebrar mi cumpleaños, mi mamá me prometió que vamos a tener torta y bebidas y jugos, pero sin copete, el copete me apesta, ya me aburrí de él..."-, haciéndose la interesante,-"porque no puedo tomarlo con los medicamentos, lo que pasa es que tengo una enfermedad yo, se llama esquizofrenia, la conoces?-". Él hizo un gesto con la mano y la cabeza al mismo tiempo, como queriendo decir que no. "-A veces escucho gente, muchas voces y otras, solo una. Muchas veces veo gente muerta, me hablan de lo que pasará en el futuro, otras veces me veo a mí misma de frente, es raro sentirlo, pero lo bueno es que ya no es tanto como cuando tenía tu edad, ahí hasta se subían a la micro conmigo-" y comenzó a reír estrepitosamente, mostrando sus grandes encías, sus dientes careados y escupiendo un poco sobre la cara del joven sentado en el paradero. "-Pero ahora me bajaron la dosis de los medicamentos, esos que me hacían estar más gordita, ahora estoy flaca" y mientras lo decía, se mantenía con la mirada acalorada, con la cuadrilla de estimulaciones sobre su cósmica cintura hinchada, rozando de vez en cuando sus pezones tiesos tras esa polera estampada a monitos de colores, mostrando los dientes salidos hacia afuera que la hacían sesear tanto. Su madre la llamó por un nombre que no recuerdo, la hizo sentarse a enojos y entonces venía la micro. Ella lo miró enamorada hasta que él pudo alejarse lo más posible de ella sentándose al fondo de la micro oruga, llena de otras cabezas que nunca supieron que en el mundo a todos nos bombea la sangre, todos necesitamos el candor de las caricias en la soledad de nuestras vidas.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Unknown

No sé lo que pasa, estoy confundida. ¿No era esto lo que querías?
Es que no puedes tener una jaula para abrir y cerrar cuando necesites,
simplemente
no se puede tapar el sol con un dedo
y no podemos
permitirnos la vida encerrados en dueños de papel.

No sé lo que pasa, me parece todo demasiado quieto. ¿Vendrás en el invierno?
Las sobras de los días carcomen
las manos
frías de tu toque,
olvidadas de tus tercipelos
y no podemos
volver a parecer sinceros sin serlo.

No sé lo que pasa, tengo miedo. ¿Entonces no era lo que me estaba creyendo?
"Que te vas de mi vida",
"que no vuelves", "vuelas y solo
los cometas te rodean".
No lo sé,
es fácil, no sé  lo que pasa.
Me siento confundida y necesito respuestas completas.