Muchas veces me pregunto, desde hace un tiempo atrás:
"¿qué sería de mí si no hubieras aparecido, querido fantasma?"
Quizás estaría hasta el cuello de quereres sin querer, de roces sin salir de mi cuerpo, de pensamientos enjaulados en el seso.
¿De dónde saliste, aparición placentera? Estuviste frente a mi nariz todo el tiempo. ¿Cómo nunca me percaté de que te miraba de esa forma?
Mis temblores te piden, mi pensamiento te busca...
mi corazón está empezando a gritar tu nombre, pero despacito.
¿Qué va a pasarme cuando te marches, espectro de manos blancas como la nieve? Porque, siéndote sincera, lo que menos quiero ahora es que te vayas.
No quiero que te alejes, ni que todas estas estrellas marchen raudas fuera de mi mente.
Quiero el toque de tus yemas al otro lado de la línea, al otro lado de mi frente.
Y que palpes sin parar las pieles frescas que quieren de tu piel transparente convertirse en fuente.
¿Quieres que pare, oh senda de acacias floridas? Dímelo antes de que llegue al tope, antes de que todo se haya vuelto ocaso y mis deseos me carcoman al hacerme agonizar entre los brazos que nunca tuve.
¿Dónde tienen su origen las vibraciones? Más allá de ser un aspecto físico de lo que nos rodea, ¿de dónde vienen?
¿Cómo te explicas las vibraciones que siente tu cuerpo? Porque yo no entiendo de dónde salen las mías.
O sea, siempre está el pensamiento agradable, la sonrisa corta, la mirada furtiva entre un mar de caras...
Siempre algún acorde de guitarra o un roce que engaña.
No puedo controlarlas, se esparcen por todo mi cuerpo. No quiero controlarlas, se han vuelto adictivas creo.
El cosquilleo matutino después de un sueño egoísta se me ha vuelto una necesidad. Las cosquillas que vienen y van. Que vienen y van.
¿Por qué antes no las había sentido? ¿Estuvieron siempre en mí, latentes? ¿ Siempre esperaron el estímulo apropiado?
No sé, no sé.
La presión alterada y los ojos vueltos hacia donde no podían estar. Siento cada arteria circundante bombear y bombear. La boca se llena de capilares que quieren sangrar.
La piel se ha puesto de acuerdo para atacarme y el frío es su deleite. O quizás sea mi placer culpable lo que me está haciendo vibrar sin tocarme.
Supe, cuando tenía 14 años y cursaba un primero medio muy extraño en un liceo extraño y con gente extraña, que mi vista fallaba. Eso me estaba trayendo problemas graves, pues no podía sentarme muy lejos del pizarrón; por ello, me gané el apodo de "la pizarrón".
Cuando le conté esto a mis papás, mi mamá pegó el grito en el cielo y con su cara de preocupación y su boca abierta me dijo: ¡¿Y por qué nunca nos dijiste antes?! De inmediato me citó con el médico y su veredicto fue infranqueable: Miopía y astigmatismo leve; lentes permanentes, señorita.
Y así los lentes se convirtieron en parte de mi biología.
¡Y ay, cuánto los detesto! Pero he aprendido a llevarlos con la mayor normalidad posible, tratando de evitar mirarme en los ventanales cuando paso y esquivando cada vitrina que recorro. Saltándome la mirada en el espejo de los baños, brincando cada poza sin mirarla para no ver el marco de mi mirada anulada.
He memorizado cada una de mis expresiones con ellos y sé limpiarlos cuando atacan las lágrimas.
Pero creo que les debo, a pesar de mi odio infinito, unas sinceras gracias en este momento de la vida. Un agradecimiento eterno porque sin ellos no veo nada. Sin ellos soy el murciélago más mustio y ciego en las cuevas de sobre-población humana y mi mundo estaría rodeado de una imagen como la de esos cuadros abstractos de los que no entiendo ni una gota.
Muchas veces, y aunque no debería hacerlo, me los quito. Me libero de ellos para soñar con el momento en que mire abiertamente mi campo inmediato y no vea los marquitos rosados en frente mío, casi burlándose del choque de mis pestañas con los cristales.
Y lo que más agradezco hoy es el habérmelos sacado, en una de esas cuevas sobre-pobladas, donde la luz es artificial y las personas caminan casi como nadando en un estanque lleno de peces de colores y formas y tamaños distintos. Me los quité y me dediqué a mirar solo lo que tenía en frente.
Por un momento, toda esa cueva se vio iluminada por un fulgor inesperado y mi centro de equilibrio ya no estuvo en la mitad de mi cuerpo, sino enfrente. Por 5 minutos pude hacer como si no estuviera rodeada de tantas personas y pude concentrarme en lo que tenía frente a mis ojos, a mis verdaderos ojos. Y la miopía y el astigmatismo no fueron ninguna excusa para poder centrar mi vista en ninguna otra cosa que no fuera lo que mi nariz señalaba. Estaba mirándo(-te) como no pensaba que podría mirar jamás. Una visión tan clara, tan nítida y tan fina. Como si mi High Quality se hubiese activado sin querer y me permitiera dar el lujo de observar por primera vez algo que estuvo a mi lado siempre. Por primera vez no tuve que enfocar algo, no tuve que limpiar los vidrios de los lentes. Era claro y preciso. Y estaba a un brazo de distancia. La cosa más dulce y más honesta que mis ojos jamás hayan percibido. Agradezco no haber podido mirar hacia los lados, agradezco la miopía terrible que solo me permite ver objetos a cierta distancia con relativa normalidad, y agradezco el enfoque preciso que me da el astigmatismo, permitiéndome enfocar solo el centro de mi mundo en ese momento, el centro de mi corazón mismo materializado y desechar todo lo demás...
Agradecía ese momento como si fuera el último de mi existencia, y ahora lo veo así. Como el último momento de frescor color amarillo que mis ojos pudieron captar.
p.d: Te lo prometo.
p.d2: Volví a ponerme los lentes luego y ya todo ha vuelto a ser la vida a través de 2.15 y 1.5 de aumento, otra vez.
Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que estrellan y disgregan aunque Dios sea su vientre pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada una libélula de médula una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes un chupochupo súcubo molusco que gota a gota agota boca a boca la mucho mucho gozo la muy total sofoco la toda ¡shock! tras ¡shock! la íntegra colapso es un hermoso síncope con foso un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico un ¡knock out! técnico dichoso si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno el sedimento aglutinante de un precipitado de labios el obsesivo residuo de una solución insoluble un mecanismo radioanímico un terno bípedo bullente un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio y espasmos lírico-dramáticos aunque tal vez sea un espejismo un paradigma un eromito una apariencia de la ausencia una entelequia inexistente las trenzas náyades de Ofelia o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable una despótica materia el paraíso hecho carne una perdiz a la crema. Oliverio Girondo p.d: es lindo encontrarse con estas cosas cuando el insomnio ataca :O
Si quieres leerme, puedes bajar un poco tu mirada y encontrarme, cual baja estatura, admirando la potencial corona de trigo que cae sobre tus sienes.
Si quieres leerme, puedes entonces re-leer las memorias derramadas sobre algún lugar elevado y silencioso que nos esperó y nos sigue esperando en nuestros sueños.
Y cuando te digo "dulces sueños", no es otra cosa que desear el sabor de miel en tu boca, el sabor de algún fruto seco en tu lengua traviesa y las páginas rotas y húmedas al darle la vuelta a este papel tan blanco.
Y cuando te digo que te quiero - yo sé que siempre lo sabes todo- es porque me gusta recordarte el deseo profundo que tengo amarrado de pies y brazos dentro mío. El deseo oculto que quiere desatarse y vivir en paz.
Fruto de esto, mis cansados pies me piden que me rinda, que yazca sobre mis sábanas firmes y deje a mi imaginación volar y volar hacia un horizonte que no sé si miraremos, pero es horizonte que a mi alma le encanta fantasear.
¡Asómense no más, pecas traidoras!
p.d: Si quieres leerme, re-lé-e-me :)
p.d: Saco la lengua con estilo? Parezco panda esponjoso jajajajaaja